El Hapkido aporta:

  • Un conocimiento anatómico y biomecánico más profundo del propio cuerpo.
  • Una visión nueva del arte marcial y un interés renovado por parte de los/as alumnos/as.
  • Seguridad personal gracias al aprendizaje de unas técnicas eficaces, directas y contundentes.
  • Efectividad y realismo en las sesiones de entrenamiento.
  • Un amplio repertorio de patadas.
  • El dominio del arte de la manipulación de las articulaciones y de las proyecciones.
  • El manejo de armas: palo corto, palo largo, cuerda o cinturón, cuchillo y bastón.
  • Ejercicios de respiración... El programa se detalla en otro apartado.

El Hapkido puede ser también un complemento muy útil para los/as practicantes de otras disciplinas marciales.

Debido a sus características, su práctica incrementa la rapidez de reflejos y la coordinación psicomotriz.

La fluidez y la naturalidad en la ejecución técnica deben desplazar a la rigidez y a la inexperiencia.

Los desplazamientos y las respuestas o contras, así como las salidas o escapes, deben realizarse con plasticidad, además de exquisita técnica.

No basta con el conocimiento pleno de la técnica, de las formas, de la táctica y estrategia: se debe profundizar en el fondo, en el interior, para que haya unidad y equilibrio, para que nuestras acciones sean más intuitivas y potentes. Y no hablo de “verdades” reveladas: me refiero a la unidad de los contrarios (la carga positiva que presupone la negativa, el electrón al positrón, la materia a la antimateria).

La Ley de la unidad y lucha de contrarios nos afirma que la existencia de uno presupone la existencia del otro, y en eso radica su unidad. En fin, aunque a los occidentales nos cueste comprenderlo, para una mayor eficacia técnica se requiere algo más que unas buenas facultades y rutinas. Se demanda equilibrio emocional, intuición y capacidad analítica.