El agarre a las muñecas, además de una agresión muy común, puede ser el primer paso de una acometida de mayor intensidad. Si conociésemos las técnicas de salida, ejecutándolas con seguridad y precisión, disuadiríamos al agresor de sus malas intenciones.


Pautas básicas ante un agarre a las muñecas:

•  Separar los dedos lo máximo posible, centrándonos en dirigir potencia al meñique. Con esta acción, nuestra muñeca se dilatará y le será más difícil fijar el agarre al atacante.
•  Nuestro codo o codos, según sea un agarre simple o a las dos muñecas, deberán permanecer pegados a la cadera.
•  Bajar el centro de gravedad e incorporarnos aprovechando el impulso que nos da la cadera al tener el codo pegado a ella.
•  Marcaremos una dirección a modo de amago y a nuestra conveniencia, tanto si el agarre es activo o como si es pasivo, para iniciar luego la salida o ruptura del atrape sumándonos a la dirección que marque su tirón de arrastre.
•  Siempre tenderemos a soltarnos por el dedo pulgar del provocador. Nuestra muñeca asida se girará hasta orientarla en la mayoría de las veces a la zona radial, así tendremos una superficie más estrecha y sólida capaz de quebrar el aguante del agarre.
•  En toda técnica de autodefensa o ataque, si encima tenemos poca envergadura, es imprescindible desequilibrar al agresor.
 

 

 

El Hapkido aporta:

  • Un conocimiento anatómico y biomecánico más profundo del propio cuerpo.
  • Una visión nueva del arte marcial y un interés renovado por parte de los/as alumnos/as.
  • Seguridad personal gracias al aprendizaje de unas técnicas eficaces, directas y contundentes.
  • Efectividad y realismo en las sesiones de entrenamiento.
  • Un amplio repertorio de patadas.
  • El dominio del arte de la manipulación de las articulaciones y de las proyecciones.
  • El manejo de armas: palo corto, palo largo, cuerda o cinturón, cuchillo y bastón.
  • Ejercicios de respiración... El programa se detalla en otro apartado.

El Hapkido puede ser también un complemento muy útil para los/as practicantes de otras disciplinas marciales.

Debido a sus características, su práctica incrementa la rapidez de reflejos y la coordinación psicomotriz.

La fluidez y la naturalidad en la ejecución técnica deben desplazar a la rigidez y a la inexperiencia.

Los desplazamientos y las respuestas o contras, así como las salidas o escapes, deben realizarse con plasticidad, además de exquisita técnica.

No basta con el conocimiento pleno de la técnica, de las formas, de la táctica y estrategia: se debe profundizar en el fondo, en el interior, para que haya unidad y equilibrio, para que nuestras acciones sean más intuitivas y potentes. Y no hablo de “verdades” reveladas: me refiero a la unidad de los contrarios (la carga positiva que presupone la negativa, el electrón al positrón, la materia a la antimateria).

La Ley de la unidad y lucha de contrarios nos afirma que la existencia de uno presupone la existencia del otro, y en eso radica su unidad. En fin, aunque a los occidentales nos cueste comprenderlo, para una mayor eficacia técnica se requiere algo más que unas buenas facultades y rutinas. Se demanda equilibrio emocional, intuición y capacidad analítica.